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La misión secreta del general Clark en Argelia

Corría octubre de 1942 y el desembarco de las fuerzas angloamericanas en Marruecos y Argelia era inminente. Los estadounidenses querían comprobar si las fuerzas de la Francia de Vichy, ofrecerían resistencia en las colonias del norte de África.

Tratando de averiguar si el régimen de Vichy mostraría una verdadera voluntad de combatir a los aliados, el general norteamericano Mark Clark desembarcó en Argelia. Así pues, Clark debía reunirse con el general francés Charles Emmanuel Mast, un alto mando de la Francia de Vichy en África. Ambos debían encontrarse en Cherchell (Argelia).

Un 22 de octubre de 1942, al abrigo de la noche, Clark llegó a Argelia. De un olivar emergió el diplomático Robert Murphy, también líder de una red de espionaje denominada los Doce Apóstoles. Clark, escoltado por tres comandos, escondió las canoas en la propiedad de un francés llamado Henri Teissier.

El general Mark Clark, que desembarcó en Argelia en octubre de 1942 para constatar si las fuerzas de la Francia de Vichy opondrían resistencia a la invasión aliada.

 

Sobre las 6 de la mañana, arribó un vehículo con el general Mast y otros cinco oficiales. Después de que Murphy efectuase las presentaciones, se sirvió el desayuno. Mast dijo que los aliados debían aguardar a la llegada de la primavera para que los oficiales de la Francia de Vichy se alzasen contra los alemanes, mientras que Clark no podía revelar ningún detalle de la invasión aliada del norte de África.

Robert Murphy (a la izquierda en la fotografía) dirigía en Argelia una red de espías conocida como los Doce Apóstoles.

 

Mast insistió en que los aliados debían traer a Giraud para que todo el norte de África se levantase contra el Eje, sin olvidar que también reclamaba una rápida invasión del sur de Francia para evitar que los territorios de Vichy cayesen en manos alemanas. Mientras tanto Clark prometió un envió de armas que no se llegó a materializar. A su vez, el general estadounidense confesó que emprender una campaña al mismo tiempo en África y en el sur de Francia era materialmente imposible para los aliados. Sin embargo, advirtió que un desembarco en el norte de África comprendería la llegada de una gran fuerza de combate, nada que ver con la pequeña fuerza de asalto que había golpeado fallidamente en Dieppe.

Después una charla llena de suspicacias, recelos, mentiras y medias verdades, Mast informó que debía regresar a Argel, pues de lo contrario su ausencia resultaría sospechosa. Mast concluyó diciendo que el ejército y la aviación apoyarían a los aliados, mientras que la marina de guerra no les apoyaría. Por otra parte, Mast también insistió en que Giraud debía comandar a las fuerzas aliadas en el norte de África. Clark optó por no adquirir ningún compromiso y Mast se retiró.

El general francés Charles Emmanuel Mast.

 

Sin embargo, algunos de los oficiales franceses que habían acompañado a Mast permanecieron en la propiedad de Henri Teissier, revelando ubicaciones de las instalaciones militares francesas y otros detalles de interés militar. Sin embargo, lo que había transcurrido como una reunión sin sobresaltos, se tornó en una situación apurada cuando, por la tarde, una llamada advirtió a Teissier de la llegada de la policía.

Los hombres se esfumaron cuando un oficial de Vichy irrumpió de una patada en la puerta. El general Clark ordenó a dos comandos británicos que regresasen a la playa para avisar al submarino HMS Serpah y se ocultó con seis hombres en una bodega. Mientras tanto, Robert Murphy trataba de convencer a las autoridades de Vichy de que simplemente estaba celebrando una fiesta. En cambio, los hombres de Vichy le informaron de que estaban realizando una redada en busca de contrabandistas.

Mientras tanto, Clark aprovechó para escapar, huyendo hacia la costa. Subiendo junto a los comandos a las canoas, la fuerte marejada hizo imposible la retirada. En medio de este infructuoso intento, el propio Clark llegó a perder los pantalones. Clark regresó a la propiedad de Tissier, regresando con pan, vino y jerséis para sus ateridos comandos.

La extracción se complicaba y las opciones de escape de Clark parecían reducirse con el paso del tiempo. Tanto si ofrecían dinero por un bote como si lo robaban, llamarían la atención. Finalmente, sobre las cuatro de la madrugada, los hombres de Clark detectaron un lugar menos azotado por la marejada. Los hombres subieron a las canoas y remaron hasta llegar al sumergible Seraph. Tanto se acercó a tierra el submarino que la quilla llegó a temblar.

En la playa Robert Murphy se alegró al ver a las fuerzas francesas de Vichy recogiendo las armas abandonadas por los comandos y eliminando inconscientemente el rastro que Clark y sus acompañantes británicos habían dejado sobre la arena.

Los comandos trataron de entrar en calor en el interior del submarino, mientras dejaban que los documentos se secasen en la sala de máquinas. Clark informó a Londres que las fuerzas de la Francia de Vichy opondrían poca resistencia a una invasión aliada y que el único escollo lo había encontrado en que los franceses habían pretendido hacerse con el mando supremo de las tropas aliadas.

Operación Antorcha, soldados estadounidenses desembarcan en el norte de África.

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