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Operación Loyton, guerrilla en los Vosgos

Las regiones de Alsacia y Lorena han sido un territorio muy disputado entre Francia y Alemania. Si bien Francia se anexionó aquella zona tras la Primera Guerra Mundial, Alemania lo recuperó con su fulgurante victoria sobre Francia en 1940. Sin embargo, aquella región no había escrito su última página en la Segunda Guerra Mundial. Y es que, el Servicio Aéreo Especial iba a llevar a cabo una incursión en los Vosgos, la Operación Loyton.

El objetivo del SAS era paralizar la retirada alemana atacando las vías del ferrocarril y tendiendo emboscadas al enemigo. Para ello, el capitán Carey Druce, encuadrado en el 2SAS, saltó cerca de la localidad de Moussey. No iba a ser una misión fácil, pues parte de la población de los Vosgos se sentía orgullosa de sus orígenes alemanes y era pro germana.

El 12 de agosto de 1944, tras un aparatoso aterrizaje que causó contusiones a Druce y en el que el sargento Kenneth Seymour se rompió el pie izquierdo, establecieron contacto con la resistencia. Un tal “coronel Máximo” estaba al mando de los partisanos, aunque su verdadero nombre era Gilbert Grandval. Curiosamente, Grandval terminaría siendo ministro del gobierno francés tras la Segunda Guerra Mundial.

Los británicos entregaron armas a los franceses a cambio de su protección. Sin embargo, la presencia aliada no había pasado inadvertida para los alemanes, quienes, a la mañana siguiente, enviaron tropas en busca de los hombres del SAS. Un informador había alertado a las fuerzas alemanas.

En un ambiente de tensión, aparecían franceses temerosos de las represalias alemanas. Para colmo de males, ingentes fuerzas de la 17ª División de las Waffen-SS patrullaban el valle de Celles. Tratando de zafarse de la numerosa presencia alemana, Druce decidió que era el momento de cambiar de campamento.

En su camino se dieron de bruces con una patrulla alemana. Un centinela advirtió la presencia británica y fue liquidado. En plena refriega, el SAS no tuvo más remedio que abandonar al sargento Seymour. En los siguientes días, los fugitivos británicos, tratando de esquivar a miles de alemanes, deambularían ocultándose en establos y en el campo. Mientras tanto, la tensión entre los partisanos y el SAS aumentaba, pues el “coronel Máximo” había esperado una actitud más agresiva por parte de los británicos.

La situación se deterioraba, el frío cada vez era más intenso y la tensión empezaba a hacer mella en Druce, mientras la población masculina de Moussey era deportada a campos de trabajos forzados. El 26 de agosto diez hombres tomaron tierra para reforzar a la fuerza de Druce. También el propio coronel Brian Franks llegaría más tarde con nuevos refuerzos el 31 de agosto.

La llegada de Franks resultó terriblemente peculiar, pues los maquis se lanzaron en tromba a saquear los suministros del SAS. Incluso un contenedor con municiones voló por los aires al estrellarse contra la superficie. Tras reunir a tantos hombres como pudo, Franks, decidió que era el momento de abandonar el lugar, pues habían provocado un espectáculo demasiado estruendoso.

Aparecieron los maquis con un partisano llamado Fouch. Ya anteriormente habían desconfiado de Fouch, quien había intentado escapar a través del bosque. Siguiendo las órdenes del capitán Druce, Fouch fue ejecutado.

El SAS recibiría sus famosos jeeps con ametralladoras y pasó a la ofensiva, emboscando a los alemanes, acabando con tres automóviles y un camión en la carretera de Moussey. Los hombres del SAS estuvieron a punto de liquidar en aquella emboscada al alcalde de Moussey cuando dispararon contra su coche. El alcalde se lo tomó con humor y agradeció las salvas disparadas en su honor.

Igualmente, Druce también encontró su momento para combatir, poniendo en fuga a unos doscientos cincuenta hombres cuando les atacó con tres jeeps. También dos árabes franceses, de quienes se creía que informaban a la Milice, fueron ejecutados.

Pero los días transcurrían y la moral se resquebrajaba. Las tropas estadounidenses del general Patton seguían sin llegar y los alimentos se agotaban. Varios hombres del SAS habían sido capturados y ejecutados cuando no habían desaparecido.

Entonces, la resistencia francesa proporcionó una valiosísima información sobre la 21ª División Panzer. En vista de tal información, Franks decidió enviar a Druce para establecer contacto con las tropas estadounidenses. Druce logró atravesar las líneas alemanas y reunirse con el 3º Ejército de los Estados Unidos. Inmediatamente después regresó al cuartel general del SAS en Hylands House y volvió a saltar sobre los Vosgos.

Mientras tanto, los alemanes no habían perdido el tiempo y habían reunido una importante información sobre el modo de operar del SAS. Para mayor dificultad de los británicos, la Operación Loyton se había prolongado mucho más allá de lo inicialmente planeado. Tengamos en cuenta que había comenzado el 12 de agosto de 1944 y se había dilatado hasta octubre de 1944. Los hombres estaban exhaustos y la moral empezaba a desgastarse. Las fuerzas alemanas no se retiraban de la región, sino que permanecían dispuestas a conservar el terreno.

Si bien habían volado numerosos puentes, acosado al enemigo y tenido tras ellos a miles de alemanes, el coronel Franks decidió que había llegado el momento de poner fin a la operación. Franks ordenó a sus hombres dividirse en pequeños grupos y poco después de que el propio Franks y la mayor parte de sus hombres abandonasen el campamento, aparecieron los alemanes orientados por un francés. Seis hombres del SAS y un maquis fueron capturados y posteriormente ejecutados.

Por otra parte, el coronel Franks, el capitán Druce y otros doce SAS lograron alcanzar las líneas del 3º Ejército de Estados Unidos. En cambio, de los treinta y un SAS apresados, 30 fueron ejecutados.

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