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Hablamos con José Luís Perona de sus recuerdos como infante de marina

Hay una constante en las Fuerzas Armadas de todos los países. De entre sus cuerpos de élite, siempre sobresale la Infantería de Marina. Con motivo del reciente 484º aniversario de la Infantería de Marina española, la más antigua del mundo, he hablado con uno de sus veteranos, José Luís Perona.

En esta entrada del blog, tendremos una pincelada sobre la Infantería de Marina, su organización, su historia y, cómo no, contaremos con los recuerdos de uno de sus infantes.

Seguramente al pensar en la Infantería de Marina, a muchos les venga a la mente la película “La chaqueta metálica”, la imagen del sargento de artillería Hartman gritando ataviado con su característico sombrero, las palizas que sufría el recluta “Patoso” y las humillaciones que padecían los aspirantes a marine. José Luís es tajante al hablar de su experiencia como infante de marina y afirma que la Infantería de Marina española “no tiene nada que ver” con el largometraje de Kubrick. En esta línea, Perona añade “el cuerpo es duro, pero de otra manera”, afirmando que la verdadera dureza está en la exigencia a la que se somete a los aspirantes.

Estamos pues, ante un cuerpo totalmente profesional, en el que para ingresar primero debe superarse un examen de cultura general y una serie de pruebas físicas. A continuación, el pertinente reconocimiento médico determinará si el aspirante será apto.

Recuerda Perona que el trato siempre fue “muy correcto”, refiriéndose a los reclutas como aspirantes. En estos primeros momentos llegará el corte de pelo y la vacunación.

En cuanto a los uniformes, destaca José Luís que “estaban hechos a medida”. Recuerda que había un sastre que tomaba medidas a los aspirantes. También recibieron dos pares de botas y tres uniformes de campaña.

La dureza de la instrucción se hace sentir desde el primer momento, con un curso general en el que se instruye a todos los aspirantes de las distintas especialidades de la Infantería de Marina (operaciones anfibias, ingenieros, transportes, operaciones especiales, etc).

Inmersos en un día a día de lo más rigurosa, eran muchos quienes abandonaban el primer día. Señala José Luís que eran muchos los candidatos que no lograban superar la instrucción, pues “empezamos 800 y solo terminamos 120”. “Siempre ibas a la carrera y en el vestir había que ser impecable” añade Perona sobre las rutinas de los aspirantes.

Ya a las 06:30 tocaban diana y comenzaba una disciplina durísima. “Deporte, manejo de armamento, no había tiempo para nada” señala Perona. No solo eso, sino que “también tenías que estar muy atento en las clases teóricas” puesto que siempre se iba alguien. Así, en palabras del propio José Luís “Todos los días se iba alguien, era una criba”.

Las maniobras igualmente ponían a prueba la resistencia de los aspirantes, teniendo que practicar la dispersión hacia un punto de reunión en medio del frío y la lluvia y preocupándose por no perder material.

La disciplina era muy severa y los aspirantes temían el llamado “culeo” que consistía un castigo para toda la camareta (una estancia con literas para entre 10 y 14 personas). Igualmente, el “camaleón” podía terminar desquiciando a los aspirantes, que debían cambiarse de ropa y equiparse una y otra vez en tan solo treinta segundos.

Ahora bien, los pocos que lograban superar este curso, tenían su premio y llegaban a ser infantes de marina, firmando un contrato que les vincula a las Fuerzas Armadas durante un determinado periodo de tiempo. Después debían esperar sus respectivos destinos, hasta que “cada jefe de unidad se llevaba a su gente”.

Si muchos creían que la exigencia y el rigor habían terminado se equivocaban. Ya como infante de marina, Perona rememora su experiencia con un suboficial “Era un hombre muy duro. No quería que nadie se rebajase de servicio. Imponía mucho, siempre estaba gritando. Reconozco que hasta me daba miedo y eso que a día de hoy me llevo muy bien con él”.

También las maniobras de desembarco forman parte de las labores de la Infantería de Marina, pues se llevaban a cabo todos los años. Fue aquí donde Perona, en su primer desembarco “se mojó los pies”. Mientras tanto, debían practicar cómo subir y bajar a través de las redes para evitar percances, sin dejar de lado la práctica del rapel o saltar desde un camión.

Después de tantos desembarcos, entrenando hasta la extenuación, añade José Luís que “había desembarcado en todo lo que teníamos”. Precisamente en los zafarranchos de desembarcos, debían aguardar “dando vueltas en el mar hasta que todas las lanchas estuvieran preparadas”. Es lo que llamaban la “pescadilla”.

Previamente al desembarco, los hombres de operaciones especiales deben limpiar la playa. El propio José Luís asegura que “eran gente muy dura, habrás oído hablar de ellos como los SEAL españoles”. Posteriormente arriba a tierra la OMP (Organización Militar Playa), que dirige el tráfico en la playa. En todo desembarco es importante avanzar tierra adentro, por lo que los infantes de marina se internan entre uno y dos kilómetros. Después, cambian los calcetines. Para todo combatiente es fundamental el cuidado de los pies. En este sentido, Perona subraya “si no te cambiabas los calcetines mojados podían salirte unas ampollas muy dolorosas”. Con la playa y sus inmediaciones aseguradas, llegaban al relevo de los infantes de marina otras unidades de élite de las Fuerzas Armadas como la Legión.

Otras operaciones que práctico en numerosas ocasiones José Luís Perona eran los golpes de mano, asaltos a puestos de mando y repetidores. Incluso se preparaban para operaciones aerotransportadas, rescates de pilotos y para las denominadas Operaciones NEO, cuya finalidad era evacuar civiles por mar en zonas geográficas políticamente inestables y próximas a la costa.

Admite Perona que “en la Infantería de Marina, dependiendo del destino, se viaja mucho”. También recuerda el hedor del combustible en los desembarcos, los mareos de sus compañeros de armas que vomitaban zarandeados por la fuerza de las olas.

Volviendo a la comparación con las películas dice “todas esas tonterías que vemos de unos soldados caminando y diciendo: Estaba en California… Olvídate, cuando hay silencio absoluto, nadie dice ni una palabra”. Tampoco se olvida de la importancia de las formaciones entre las que destaca la llamada formación diamante.

Igualmente, José Luís Perona es un apasionado de la Historia. Relacionando su paso por la Infantería de Marina con sus pasiones, dice de la infantería de marina más antigua del mundo que fue creada por Carlos I de España y que “con Felipe II ya llevaron a cabo su primer desembarco en las Azores”. “Han estado presentes en todas las guerras de España, incluso en Sidi Ifni fueron los últimos en bajar la bandera”.

Más aún, el Tercio de Armada (TEAR), que es el núcleo de la Infantería de Marina española, es heredero del entonces Tercio de Nápoles, en el que sirvió el célebre escritor Miguel de Cervantes.

Una de las mayores pruebas que tuvo que afrontar la Infantería de Marina fue su misión en Bosnia en 1996. Recalca José Luís que “la Infantería de Marina española está muy unida a Bosnia”. También en el Líbano llevaron a cabo desembarcos y tomaron parte en las operaciones del islote de Perejil, donde participaron cinco de sus miembros, sin olvidar el importante papel que jugaron en sus misiones en Afganistán.

Así pues, le doy las gracias a José Luís Perona por su amabilidad y por la abundante información (que he debido condensar por no extenderme demasiado) que me ha proporcionado sobre un cuerpo con una amplísima trayectoria histórica.

El infante de marina José Luís Perona en la esquina derecha de la fila inferior.

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