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Hermann Giskes, uno de los hombres más temibles del contraespionaje alemán

De acuerdo con las recomendaciones de un amigo, Hermann Giskes, evitando servir en la Wehrmacht, se enroló en el Abwehr, la inteligencia naval alemana. Su astucia y sus tretas harían de él uno de los alemanes más temidos.

El comandante Giskes se volcó en labores de contraespionaje, teniendo como adversario a la inteligencia británica, destacando especialmente por su papel en Holanda. Así, cuando llegó a los Países Bajos en noviembre de 1941, se puso a su servicio un maleante llamado Gregg Riddendorf. Este delincuente, entre otras cosas, le advirtió de que la radio de la Holanda libre, conocida como Radio Orange, indicaba los lugares en los que tomaban tierra los agentes aliados. Pese a que Giskes se mostró reacio a creer la versión de Riddendorf, esta resultó ser verdad.

Hermann Giskes.

 

El 1 de marzo de 1942, Giskes lo corroboró cuando la Royal Air Force lanzó armas para aprovisionar a un grupo de resistentes holandeses. Sin embargo, Giskes decidió ir un paso más allá. En lugar de limitarse a capturar a los agentes enemigos, los reclutaría para beneficio propio. Este fue el germen de la denominada Operación Polo Norte.

La red de Giskes diponía de hasta treinta lugares que empleaban como zonas de lanzamiento. Al llegar a tierra, los agentes aliados caían inmediatamente en la trampa de Giskes. El propio Giskes les brindaba una recepción en medio de la noche, ofreciéndoles un trago de whisky y, a continuación, enviándolos a la prisión que había establecido en el seminario de Haaren. Con el tiempo, Giskes, cansado de aguardar en la oscuridad de las frías noches, delegaría la recepción en sus subordinados, a quienes ordenó que debían seguir ofreciendo whisky a los agentes aliados.

Los dividendos de la Operación Polo Norte fueron más que sustanciosos. Cerca de cincuenta agentes enemigos hechos prisioneros, dinero estadounidense y británico en efectivo, en ocasiones oro, explosivos plásticos, incontables armas cortas y alrededor de una docena de bombarderos aliados abatidos.

El 29 de agosto de 1943, al caer la noche, Pieter Dourlein y Johann Ubbink, que llevaban seis meses recluidos en el seminario de Haaren, lograron escapar. No obstante, al llegar a Gran Bretaña volvieron a ser encarcelados. Los hombres de Giskes hicieron creer a los británicos que Ubbink y Dourlein eran agentes dobles, hombres al servicio de los alemanes. Ambos holandeses tuvieron que esperar hasta el verano de 1944 para que los aliados creyesen su versión de la historia.

Seminario de Haaren, Holanda. Recinto que Giskes utilizaba como prisión para los agentes capturados.

 

Giskes era consciente de que no podía continuar con sus operaciones. El alemán, irónico, envió un mensaje a Londres en el que se mofaba de los británicos agradeciéndoles su “larga y fructífera colaboración” al tiempo que prometía al SOE (Ejecutiva de Operaciones Especiales) darles la misma bienvenida que a los agentes capturados.

Monumento erigido en la ciudad holandesa de la Haya en honor a los agentes aliados caídos fruto de la Operación Polo Norte.

 

Tras el desembarco de Normandía, Giskes contaría con agentes como “King Kong”, quien proporcionó información sobre el asalto paracaidista aliado en Holanda conocido como Operación Market Garden. También contó con un agente llamado “Freddie”, casado con la francesa Jean de Broglie, quien estaba emparentada con el primer ministro británico Winston Churchill. Sin embargo, sus intenciones de llevar espías hasta el círculo más íntimo de Churchill se esfumaron cuando, llegado noviembre de 1944, Freddie desapareció.

Por aquel entonces, Giskes ya había ascendido a teniente coronel y las fuerzas aliadas se acercaban peligrosamente al corazón del Tercer Reich. Los alemanes necesitaban idear una serie de estratagemas y engaños que les permitiesen ocultar su inminente contraofensiva en las Ardenas, Bélgica. Una vez más, los servicios de Giskes eran necesarios. El propio mariscal de campo Model se reunió con Giskes en la región de Eifel, desde donde podía escucharse el lejano estruendo de la artillería pesada alemana disparando desde el bosque de Hürtgen. Los aliados estaban en la frontera, acechando Alemania y el mariscal Model precisaba de las artimañas de Giskes.

El mariscal de campo Model.

 

Giskes optó por reclutar a un ingeniero luxemburgués en un campo de trabajo de la región de Eifel. Dijo al ingeniero que debía permitir la huida de varios prisioneros. Entre los prisioneros se encontraban belgas y luxemburgueses a los que se denominaba oficialmente “alemanes del Reich”. Así, el ingeniero se haría pasar por comunista y facilitaría la fuga de cierto número de prisioneros. No obstante, el ingeniero solo revelaría sus verdaderas convicciones a los prisioneros de fiar, quienes, a cambio de escapar del campo de trabajo, harían llegar determinados mensajes a los aliados. El objetivo era hacer creer a los estadounidenses que las fuerzas alemanas estaban preparando un contraataque para recuperar Aquisgrán.

El primer preso liberado revelaría los detalles pertinentes sobre la falsa contraofensiva alemana hacia Aquisgrán, al tiempo que debía convencer a los norteamericanos de que, si deseaban conseguir más información, tenían que introducir en las emisiones de Radio Luxemburgo la frase: Y hoy enviamos recuerdos a Otto de Sajonia. Para regocijo de Giskes, dos días después de la “fuga” del prisionero, dicha frase resonaba en los boletines informativos de Radio Luxemburgo.

En vista del éxito inicial, más prisioneros belgas y luxemburgueses fueron liberados, aportando información falsa sobre un ataque para conquistar Aquisgrán como regalo de Navidad para Hitler.

Atendiendo a los informes del coronel Dickson, máximo responsable de Inteligencia del 1º Ejército de Estados Unidos, parece que los norteamericanos mordieron el anzuelo, pues la concentración de fuerzas alemanas en el Ruhr y el Erft, les hizo creer que la contraofensiva alemana apuntaba a Aquisgrán, cuando en realidad iba a producirse en las Ardenas.

Tropas alemanas durante la contraofensiva de las Ardenas.

 

A pesar de los esfuerzos de Giskes, la contraofensiva de las Ardenas terminaría fracasando y Alemania perdió la guerra. Capturado por los aliados, fue trasladado a la mansión de Latchmere House, en Ham Common, Surrey, Inglaterra. Allí fue sometido a duros interrogatorios y terminó mostrándose colaborativo, pues sabía que se estaba jugando la vida. También su agente Freddy, que tanto se había aproximado al círculo familiar de Churchill, tuvo que enfrentarse a interrogatorios similares.

Finalmente, con la guerra concluida, Giskes terminaría trabajando para los estadounidenses al servicio del general Bedell Smith, quien había sido uno de los hombres a los que había pretendido engañar durante la Navidad de 1944.

 

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