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¡Comandos al ataque en el desembarco de Normandía!

Situada en el extremo oriental de la invasión de Normandía, Sword sería una playa tomada al asalto por fuerzas de la 3ª División de Infantería británica y por diversas unidades de comandos, muchas de ellas integradas en la 1ª Brigada de Servicios Especiales.

El 6 de junio de 1944, numerosas embarcaciones surcaban las revueltas aguas del canal de la Mancha. Las olas llegaban a alcanzar los 2 metros y el viento soplaba con fuerza. Era el Día-D y, una vez más, los comandos estaban dispuestos a demostrar su valía.

En aquella difícil mañana de junio, los comandos de la 1ª Brigada de Servicios Especiales que utilizaba la nomenclatura SS, ataviados con sus características boinas verdes, saltaron a tierra. Comandada por el brigadier Lord Lovat, la 1ª Brigada de Servicios Especiales estaba formada por el Comando Nº3 del teniente coronel Peter Young, el Comando Nº4 de Dawson, el comando Nº6 del teniente coronel Mills-Roberts y el Comando Nº45 del teniente coronel N.C. Ries. Con objetivos independientes, también desembarcaría en la playa Sword el Comando Nº41 del teniente coronel Gray.

Lord Lovat, un distinguido oficial de comandos durante la Segunda Guerra Mundial.

 

Ahora bien, las siglas SS resultaban estremecedoras, pues recordaban a la temible organización paramilitar alemana. Por otra parte, en Estados Unidos, “servicios especiales” recordaban a una entidad de carácter benéfico que apoyaba a las tropas norteamericanas. En vista de ello, los británicos retirarían las siglas SS para terminar refiriéndose a la unidad como Brigada de Comandos.

Una de las escenas más memorables del Día-D la protagonizó el gaitero Bill Millin, quien, exponiéndose al fuego enemigo, tocaba la gaita para los hombres de Lord Lovat. Siendo el primero en abandonar la lancha, Lovat, un hombre de gran envergadura, encabezó el desembarco. Tras él marchaba su gaitero, Millin, que comenzó a tocar Highland Laddie. No mucho después, mientras los restantes comandos llegaban a la playa, Millin tocó The Road to the Isles. Sin embargo, el tiempo apremiaba y Lovat debía acudir al relevo de los paracaidistas que aguardaban en Bénouville.

El gaitero Bill Millin.

 

Así pues, los comandos, abriéndose camino desde las playas y marchando por superficies pantanosas, alcanzaron el canal de Caen alrededor de las 13:30 horas. En este trayecto, mientras progresaban junto al canal de Caen, el propio Lord Lovat se enzarzó en un particular duelo con un tirador alemán. Echando mano de su escopeta de caza, abatió al soldado teutón. Como si se tratase de una presa de caza, Lovat envió a dos de sus comandos a recoger el cuerpo sin vida del alemán.

Los comandos acuden al relevo de los paracaidistas que defienden el puente Pegasus.

 

Al aproximarse al puente Pegasus, los comandos enarbolaron una bandera británica y Millin hizo sonar la canción Blue Bonnets over the Border. La compañía de paracaidistas de la 6ª División Aerotransportada británica que había defendido tan estratégico puente, respiró aliviada al escuchar aquella melodía y ver a los comandos. El mayor Howard, que había conservado el puente hasta la llegada de los comandos, estrechó efusivamente la mano de Lord Lovat.

Al llegar al puente Pegasus se encontraron con el brigadier Nigel Poett, comandante de la 5ª Brigada Paracaidista, quien dijo que se alegraba de ver a los comandos. Mientras tanto, el gaitero Millin, ajeno a las balas, continuaba haciendo sonar su gaita para enardecer los corazones de los soldados británicos.

Los únicos soldados franceses que tomaron parte en los combates del Día-D, fueron los hombres del capitán Phillipe Kieffer. Estos 171 hombres formaban parte del comando Nº4 y lucharon a sangre y fuego en la localidad costera de Ouistreham, donde los alemanes permanecían firmemente atrincherados en el casino de Riva Bella.

El capitán Phillipe Kieffer.

 

Batiéndose el cobre en un combate encarnizado, Kieffer logró el respaldo de un carro de combate anfibio para atacar el casino, que los alemanes empleaban como cuartel general. Después de que el carro de combate abriese fuego contra el edificio, los hombres de Kieffer lograron hacerse con el control del casino de Riva Bella.

De lo que no cabe duda fue de la magnífica impresión que causaron los comandos de Kieffer en la población civil. De hecho, un joven francés, exaltado, exclamó que los británicos habían pensado en todo, pues les habían enviado unos soldados que hablaban francés tan bien como ellos. El muchacho ignoraba que los hombres de Kieffer también eran franceses.

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