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Saboteadores y submarinos, terror en las costas estadounidenses

En 1941, Hitler buscaba involucrar a Japón en la Segunda Guerra Mundial. Si los nipones no se embarcaban en una guerra contra la Unión Soviética, Hitler al menos sí valoraba positivamente que entrasen en conflicto contra Estados Unidos.

Pese a la neutralidad norteamericana, el enfrentamiento entre Alemania y Estados Unidos cada vez parecía más inevitable. Y es que, hacia octubre de 1941, el destructor USS Reuben James fue hundido por sumergibles alemanes en una misión de escolta a convoyes mercantes.

Llegado el 7 de diciembre de 1941, los japoneses atacaron a los norteamericanos en Pearl Harbor. No mucho después, el 11 de diciembre de 1941, Alemania entraba en guerra con Estados Unidos.

Ambos países debían ponerse manos a la obra para el combate y movilizar sus recursos. Estados Unidos aún no estaba preparada para un enfrentamiento directo y Alemania tenía a sus ejércitos ocupados en la Unión Soviética y en el norte de África. Por ello, el almirante Dönitz planteó una ofensiva submarina contra los americanos en el Atlántico.

Prueba de esta estrategia de guerra submarina fue la Operación Drumbeat, emprendida a finales de 1941, en la que un puñado de submarinos zarparon desde Francia para atacar los convoyes de mercantes aliados. De este modo, los submarinos alemanes terminaron provocando estragos de norte a sur en la costa de Estados Unidos e incluso atacaron en el Caribe. Ante la escasa vigilancia de las costas norteamericanas, los submarinos alemanes eran capaces de ver las luces de las ciudades y presentarse ante los buques indefensos. Un total de 25 buques norteamericanos fueron hundidos al finalizar Drumbeat en febrero de 1942. Ante los éxitos cosechados, los alemanes no se detendrían y proseguirían con sus incursiones submarinas en lo que denominaron “segunda temporada feliz”.

El buque Dixie Arrow hundiéndose en marzo de 1942 después de ser atacado por el submarino alemán U-71 en cabo Hatteras.

 

Estaba claro que las costas norteamericanas no eran seguras. Más aún, las intenciones alemanas irían más allá de atacar unos cuantos convoyes cargados con valiosos suministros. Los submarinos alemanes también introducirían agentes alemanes en territorio estadounidense. Así, la Operación Pastorius implicaba infiltrar saboteadores para atacar infraestructuras y factorías mientras los sumergibles germanos golpeaban en el mar.

En la noche del 13 de junio de 1942 emergió el U-202 en las costas del estado de Nueva York, en una playa próxima a Amagansett. A bordo de un bote de goma, cuatro saboteadores germanos, provistos de explosivos y bombas incendiaras, se disponían a sembrar el caos. Un segundo grupo de saboteadores tomaría tierra más al sur cuatro días más tarde, teniendo lugar el desembarco en las costas de Florida, en Ponte Vedra Beach.

Los saboteadores alemanes de la Operación Pastorius.

 

Los objetivos de la operación eran muy ambiciosos, pues implicaban la destrucción de las esclusas del río Ohio, el puente Hell Gate en la ciudad de Nueva York, sabotajes en las vías ferroviarias y el ataque a fábricas de aluminio e instalaciones hidroeléctricas. Ambos grupos debían reunirse en Cincinati el 4 de julio.

Sin embargo, el grupo que desembarcó en las costas del estado de Nueva York fue descubierto por un guardacostas llamado John Cullen. Los alemanes fueron sorprendidos mientras ocultaban los explosivos. Se le ofreció un soborno a Cullen. Éste cogió el dinero y abandonó el lugar. A pesar de ello, Cullen informó del incidente. Para cuando las autoridades estadounidenses llegaron al lugar, los saboteadores alemanes ya se habían esfumado, infiltrándose en la enorme urbe de Nueva York.

Sin embargo, las andanzas de los saboteadores alemanes no durarían mucho, pues el agente germano George Dasch convino con su compañero Ernst Burger que se entregarían a los norteamericanos. Los restantes saboteadores terminarían siendo cazados por el FBI. Una vez arrestados, fueron sometidos a juicio y condenados a muerte. Ahora bien, debido a su colaboración, Burger y Dasch se libraron de la pena de muerte, siendo condenados a penas de prisión. Tras la guerra, Burger y Dasch fueron deportados a Alemania.

Juicio a los saboteadores alemanes que formaban parte de la Operación Pastorius.

 

El intento de sabotaje de la Operación Pastorius demostró a los estadounidenses que debían permanecer alerta y que sus costas no eran seguras. El enemigo acechaba en el mar y en su propio país. De hecho, los carteles de propaganda advertían de que ciudades como Nueva York eran el gran objetivo de los nazis. Por otra parte, empresas como la compañía eléctrica Consolidated Edison colgaron pósteres en los que indicaban a sus trabajadores que debían permanecer atentos ante posibles saboteadores en las instalaciones.

Cartel de Consolidated Edison que indica a los trabajadores que deben estar atentos ante posibles saboteadores.

 

Para mantener a raya a los submarinos alemanes y garantizar la seguridad en las costas, los estadounidenses recurrieron a patrullas aéreas, a la vigilancia de su servicio de guardacostas, dotando a algunas de sus embarcaciones de sistemas de radar y sonar e incluso llevaron a cabo apagones en las ciudades bañadas por las aguas del Atlántico. Así, en el verano de 1942, las costas estadounidenses ya no serían lugares desguarnecidos.

El póster de reclutamiento para la Defensa Civil advierte de que Nueva York es el objetivo número 1 de los nazis.

 

Volviendo a la publicidad, la Oficina de Información de Washington recurrió a la cartelería para concienciar al pueblo estadounidense de la grave amenaza que corría la seguridad nacional. Diseños de pósteres con gestos amenazantes que ordenaban guardar silencio fueron colgados sobre muros y paredes. Pese a tratarse de una democracia liberal, en Estados Unidos, los carteles defendían el silencio en aras de la seguridad nacional. Por ello, los pósteres acusaban duramente a quienes revelasen informaciones que pudieran resultar sensibles y les advirtían de las consecuencias que podían pagar por ello.

En ambos carteles el tío Sam ordena discreción para evitar poner en peligro la seguridad nacional.

 

Con un duro y contundente mensaje el cartel advierte de que la indiscreción le cuesta la vida a los soldados.

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