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Canibalismo en el salvaje asedio de Leningrado

La batalla de Leningrado fue uno de los asedios más salvajes de la Segunda Guerra Mundial. En septiembre de 1941, el ejército alemán llegó a las puertas de la ciudad. Era el comienzo de un cerco que duró casi 900 días. La población civil no fue evacuada y la ciudad quedó aislada. Las reservas de alimentos disminuyeron rápidamente y el hambre no tardó en extenderse por la ciudad, dando lugar a episodios de canibalismo.

Cuando las hierbas, los gatos, los perros, las palomas y los caballos fueron devorados, empezaron a producirse los primeros casos de canibalismo. Mientras tanto, la ciudad era sometida a ataques y las temperaturas caían hasta los treinta grados bajo cero.

 

En enero de 1942 se calcula que, en Leningrado, morían diariamente unas 7.000 personas. Eran muchos los que se desplomaban en la calle como consecuencia de la debilidad extrema. Era imposible retirar tantos cadáveres en tan poco tiempo. Lo más parecido a un entierro que se podía hacer era envolver el cuerpo en una sábana y atar un cordel al cuello y a las piernas del cadáver antes de dejarlo en la acera.

Debido al frío, los traficantes de carne humana, debían ser rápidos, pues tenían que llevarse los cadáveres antes de que se congelasen y no pudieran trocearlos.

No solo se robaban cadáveres de las calles, sino que se profanaron tumbas y se sustrajeron cuerpos de las morgues de los hospitales.

En Leningrado, las bandas de caníbales procuraban actuar con discreción y rapidez, sin ser vistos, pues el canibalismo era considerado un delito. Son numerosos los testimonios de habitantes de Leningrado que encontraron cadáveres descuartizados abandonados en las calles. No obstante, también hay diversos testimonios de ciudadanos rusos que presenciaron cómo se cocinaba carne humana, presenciando cómo sobresalían miembros humanos de entre los calderos.

Leningrado fue un asedio especialmente brutal y las consecuencias del hambre en la población civil fueron devastadoras. Sobrevivir con raciones de 125 gramos de pan en el peor momento de la batalla se convirtió en una misión imposible. La dureza del asedio llevó a muchos a transgredir sus valores éticos y morales.

Varios de los primeros de canibalismo casos documentados, tuvieron lugar entre miembros de la misma familia. Así, tenemos el caso de un fontanero desempleado mató a su esposa para alimentar a sus hijos y a sus sobrinas y una madre asesinó a su hijo de 18 meses para alimentar a sus otros dos hijos y a sí misma.

En definitiva, en muchas familias se dejó morir o se sacrificaron a los más pequeños para alimentar a padres y hermanos. La razón era que, si los padres morían, los hijos, que eran más débiles, no sobrevivirían muchos días.

No todo fueron casos de asesinatos y necrofagia. También se dieron actos de heroísmo en los que hubo padres que se amputaron miembros para poder alimentar a sus hijos. De hecho, la propaganda soviética se hizo eco de estos casos heroicos cuando el asedio finalizó y Leningrado recibió el título de ciudad heroica. Por el contrario, se impartieron órdenes para evitar la difusión de los actos más deleznables de canibalismo.

 

Según explica la historiadora Anna Reid en su libro sobre la batalla de Leningrado, el 64% de las personas arrestadas por comer carne humana eran mujeres, de las cuáles el 44% estaban desempleadas y el 90% eran analfabetas o solo tenían estudios primarios.

Cabe señalar que no todos los asesinatos se cometían para comerse a las personas, sino que simplemente se asesinaban a ciudadanos rusos para quedarse con sus cartillas de racionamiento.

Si bien existían bandas de caníbales, el perfil más habitual de caníbal era una mujer, ama de casa y humilde. Todo ello se debía generalmente a que sus maridos estaban combatiendo en el frente y debían conseguir la comida necesaria para alimentar a sus familias.

Si bien se intentó calificar a los necrófagos de psicópatas, la realidad es que la mayoría de los caníbales eran personas cuerdas. Lo cierto es que, de los 300 detenidos en abril de 1942 por comer carne humana, solo 44 eran asesinos. De hecho, antes de la guerra, solo un 2% de los detenidos habían tenido problemas con la justicia.

Con la cantidad de personas que morían al día, resultaba fácil conseguir cadáveres en las calles, otros se dedicaban a profanar tumbas en los cementerios o incluso a robar cuerpos en las morgues de los hospitales.

También había bandas organizadas que se dedicaban a conseguir carne humana para posteriormente venderla en el mercado negro, no solo delante de los ciudadanos, sino ante los ojos de miembros de las autoridades que hacían la vista gorda.

Por ejemplo, se dio el caso de una banda que se dedicaba a interceptar correos militares para matarlos y comérselos. Asimismo, también había grupos de caníbales que engatusaban a sus víctimas con tretas y ofertas de trueques y luego los asesinaban para comérselos.

También se descubrió el caso de un hospital militar alojado en la antigua fábrica Izhorski, en el que el propio personal desenterró los cuerpos para dárselos de comer no solo a médicos y enfermeras, sino también a los pacientes.

Para diciembre de 1942, cuando concluyeron los episodios de canibalismo, un total de 2015 personas habían sido detenidas y más de trescientas fueron ejecutadas.

Por otra parte, cabe señalar que el canibalismo era menos frecuente en los barrios céntricos que en la periferia de Leningrado, donde los niveles de pobreza eran mayores y había menor presencia policial y se hallaban los cementerios.

En cualquier caso, los caníbales, cuerdos o dementes, fueron tratados como criminales. Como no existía un artículo específico en el código penal soviético, este tipo de actos quedaron subsumidos en el artículo 59-3 del Código Penal como actos de vandalismo. No obstante, por lo general, los necrófagos recibían sentencias más benevolentes que los asesinos antropófagos.

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