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David

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Con la derrota de España en la guerra de 1898, las Filipinas terminaron cayendo en manos estadounidenses. La pequeña isla filipina de Corregidor resultaba ser un enclave estratégico, pues guardaba la entrada a la bahía de Manila y su dominio era necesario para quien desease hacer uso de la base naval de Cavite. De ahí que durante la Segunda Guerra Mundial se produjesen duros combates por el control de Corregidor. Con el regreso de MacArthur a las Filipinas, era imperativo que los estadounidenses reconquistasen Corregidor.
Llega a España el documental “1533 Km. hasta casa. Los héroes de Miramar”, una historia emotiva y desgarradora sobre la guerra de las Malvinas dirigida por el cineasta Laureano Clavero producida por MIRASUD Producciones y con la compañía hollywoodense Adler & Associates Entertainement como productora ejecutiva. Tal es la calidad de este proyecto cinematográfico, que se ha ganado los elogios de personalidades como el gran Arturo Pérez-Reverte, el célebre John Carlin o el insigne Roberto Herrscher.
Cuando pensamos en la Primera Guerra Mundial, nuestra mente evoca imágenes desgarradoras de soldados muertos entre las alambradas o escenas de hombres sufriendo penurias entre el barro en las trincheras. Sin embargo, más allá de los clichés, hay aspectos fascinantes y menos desconocidos que nos desvela José Luís Hernández Garvi en su obra “Eso no estaba en mi libro de la Primera Guerra Mundial”.
Tras el ataque japonés a Pearl Harbor, Estados Unidos encadenó una serie de dolorosas derrotas, mientras que los japoneses lograban expandir rápidamente su imperio en Asia y el Pacífico. Los bombardeos de Doolittle sobre Japón contribuyeron a levantar la moral norteamericana y el triunfo estadounidense en la batalla aeronaval de Midway puso freno a la avalancha nipona. Así pues, los marines se preparaban para dar un golpe de mano en el Pacífico.
La fase inicial de la Primera Guerra Mundial estuvo marcada por una guerra de movimientos, sin embargo, a medida que transcurrían los meses, los frentes se estancaron y los ejércitos cavaron trincheras. Una extensa línea de alambradas y trincheras dividía Europa. Los ejércitos de aquella época disponían de una gran potencia de fuego, pero tenían escasa movilidad. Ante semejante estancamiento, los alemanes buscaban una ventaja decisiva, por lo que terminaron recurriendo al gas tóxico.
En el otoño de 1944, los estadounidenses, con la moral alta tras una importante sucesión de victorias se acercaban a la anhelada reconquista de las Filipinas. Sin embargo, los japoneses no estaban dispuestos a entregar fácilmente un archipiélago vital para sus comunicaciones con el sudeste asiático. Las cartas estaban sobre la mesa, dispuestas para entablar una colosal batalla naval en Leyte.
Es habitual encontrar personajes pintorescos o cuanto menos singulares en los cuerpos especiales de la Segunda Guerra Mundial. Uno de estos hombres tan peculiares como extraordinarios es Orde Wingate, creador de los Chindit, una fuerza especial que operó contra los japoneses en Birmania.
Lunes, 25 Febrero 2019 11:36

A la caza del acorazado Bismarck

A finales de 1940 los estragos que causaban los alemanes en los convoyes aliados en el Atlántico empezaban a hacerse notar. Sin embargo, el almirante Raeder, de la Kriegsmarine, creía que era el momento de ejercer una presión más asfixiante sobre los británicos. Así pues, se decidió atacar las rutas comerciales británicas con barcos de superficie. Fue entonces cuando entraron en liza los cruceros Scharnost y Gneisenau, el Prinz Eugen y el temible acorazado Bismarck.
La Primera Guerra Mundial se asocia con un conflicto marcado por sangrientos enfrentamientos en las trincheras. Inmediatamente, el conflicto se asocia con escenarios como Verdún, El Somme o Passchendaele. Sin embargo, lejos de Europa, el gran reñidero de la contienda, en el Pacífico, se libraron enfrentamientos de menor envergadura, pero no por ello irrelevantes. Y es que, el historiador Rubén Villamor, tras un minucioso trabajo de documentación, ha llevado a cabo un magnífico ensayo en su obra “La Primera Guerra Mundial en el Pacífico”.
Con Europa en manos de los nazis, una de las pocas alternativas que les quedaban a los aliados eran los bombardeos aéreos. Sin embargo, a finales de 1940, el número de bombarderos derribados por los alemanes aumentó de manera preocupante. Era evidente que los alemanes disponían de una tecnología que les permitía detectar a los aviones británicos.