Uno de esos escenarios olvidados en la Segunda Guerra Mundial fue Birmania. Sin embargo, no por ello su importancia estratégica era menor, pues Birmania era un territorio clave para garantizar las comunicaciones entre China e India.
En el verano de 1942, el mundo parecía al borde del abismo. El 6º Ejército alemán comenzaba su ofensiva contra Stalingrado, la flota japonesa había sido derrotada en Midway y los marines combatían a sangre y fuego en la isla de Guadalcanal. En el norte de África, los británicos y la Commonwealth habían conseguido detener a Rommel en el Alamein tras derrotarlo el 30 de agosto de 1942.
El Tratado de Versalles, suscrito en 1919, impedía a Alemania contar con unas fuerzas armadas que superasen los 100.000 hombres, así como entre otras muchas sanciones, también le prohibía poseer grandes barcos de guerra y artillería.
En junio de 1940, la debacle militar de Francia llevó al país a firmar un Armisticio. Poco después, surgió la Francia de Vichy, un peculiar régimen colaboracionista que, al mismo tiempo, mantenía una extraña postura de neutralidad.
Los británicos concedieron una gran importancia al teatro de operaciones del Mediterráneo en la Segunda Guerra Mundial. De ahí que considerasen vital defender una isla como Creta.
En los años 30, Japón se convirtió en la gran potencia asiática, experimentando un espectacular desarrollo industrial y creando una poderosa armada dirigida por el más que competente almirante Isoroku Yamamoto.
Uno de los asedios más salvajes de la Segunda Guerra Mundial tuvo lugar en la ciudad rusa de Leningrado, que soportó un asedio de aproximadamente dos años y medio.
Envuelto en un aura de secretismo, los aliados prepararon la apertura de un segundo frente en Europa: el Día D. La Operación Overlord fue el resultado de una combinación de medios logísticos, humanos y de un gran esfuerzo de inteligencia.
En 1940, las tropas italianas atacaron Grecia, lo que abrió un nuevo frente en los Balcanes. Sin embargo, el desastre militar italiano provocó que Alemania tuviese que acudir en ayuda del ejército de Mussolini.
La industria alemana requería el hierro de Suecia para poder continuar con la producción de material bélico. El hierro procedente de las minas suecas debía ser transportado desde la localidad portuaria de Narvik, en Noruega.